viernes, 13 de abril de 2018

Poeta de pacotilla.

¡Qué pesadez contra tan poquito! Incluso las palabras se quedan cortas si en ese momento intentara escribir o descifrar cada elemento de la Poesía que se me ofrece.
Quizá no fue suficiente por parte de ella que ahora apenas le hable en otros idiomas. 
En alemán, quizá inglés...
Me llaman poeta de pacotilla, añadido en listas a otros menos poetas y más personas, mejor gente seguro, o yo qué sé.
Ella, que de por sí me concede Poesía;
Poesía era la luz azul que resplandece en el nórdico y el ruido del horno calentando la cena, al fondo. Saliendo de la habitación.
Pese a eso no se guardan rencor las poesías y sus poetas; las poetisas y sus poemas.
Poesía era una púa de una guitarra.
Poesía son paseos y encierros a gran escala en habitaciones con luces reducidas.

Aunque encierres la Poesía en un Búnker tan grande como una ciudad,
como sus murallas,
sus palacios,
entre poetisas y poetas,
el viento acaba llegando,
tibio,
arrastrando tras de sí la tempestad del folio el blanco, de recorrer estanterías en Diciembre...

Encerraré estos cofres en algún sitio.
Cerca de un Búnker de Poesía, nada menos.

De poemas,
de eterno retorno...

miércoles, 24 de enero de 2018

La charca (Sonetos)

Cae en el charco fulminante la gota
que colmó el lago, y sus bestias.
Salieron al encuentro de una rosa
allí, posada junto al barro, mustia.

Vivir fumando cenizas, derrotas.
Claman lágrimas, rimando molestias.
Desistir los cortejos en prosa
siendo la flor que el poeta enmustia.

Las garras merecedoras
rasgando el cielo rojo
cumpliendo con su deber.

Llorando ácido otrora, 
cuando el hinojo
se coló en su haber.

miércoles, 6 de diciembre de 2017

¿...?


Confío a hurtadillas en el destino.
A hurtos menores del alma que ya se saben.
O alguien lo sabe. ¿Quién sabe?
Nadie conoce sus cenizas.
Nadie salvo uno, o dos, o tres como mucho.
Incluso un panteón entero.
Incluso alguna amapola.
Nadie conoce sus miedos.
Realmente no. Juicios al por menor.
Dictaduras corrompidas en suerte. En alegría, fachada.
Por el alcohol que bebí cuando hombre prófugo de sí.
Entre comillas y punto y comas; lecciones de vida.
Que la consecuencia sea ley por siempre. Lo que importe.
Nadie te conoce salvo yo, que soy poeta.
Y los poetas se hacen de leer, que no de entender.
Entender entiende el que sabe leer.
Seamos claros en el bosque o agujeros negros.
Emitamos amor como en la noche de los cristales podridos.
Nadie salvo yo, tú, alguien. Quién sea.

¿Quién sabe?

domingo, 17 de septiembre de 2017

Humareda.

Si cae que caiga. Que siga su camino. Sus angustias.
Se consume como un pulmón que recibe penas.
Se consume como tu nariz junto a su olfato.

Si se desploma es por la fuerza del índice invasor.
Caldeante su vida se detiene frente al cristal, a su ataúd.
A su fosa común.

Y allí permanece en trincheras de alegrías o bajo el césped cortante.
Se desvía flamante, casi elegante, sin encontrar cima.
Sin encontrar un punto de partida...

miércoles, 28 de junio de 2017

La comedianta de Zanzíbar.

I.
En la urbe cada esquina es ratón.
Guarida de Sófocles, nacimiento de la tragedia.
Llora; sintetiza un vestido azul en rojo.
A ella le encanta el rojo de la sangre.
Le gusta apoyarse bajo un farol y fumar cigarros.
Cuenta escenas de Shakespeare como si fueran dígitos.
La gente reía con su método proponiendo limosnas.
Propinas que gastará en limones por aquello de su voz.
Subiendo el cuello de su gabardina, sofocla por Zanzíbar.

II.
Dos bares abren sus puertas para los fantasmas.
Esos fantasmas perdidos o encajados en un televisor altivo.
El camarero sirve vasos minuciosamente, casi artístico.
A ella le encanta robar tragos.

Mesa por mesa cuenta sinfonías de Mozart con una flauta de pan. Reúne varios tragos y acaba borracha.
Entonces baila el gran Réquiem.

III.
A la comedianta le gusta el jazz suave.
También el country adulto.
Le gusta afilar grandes cuchillas.
Convertía sus dagas en espadas invencibles.
Escribe pequeño poemas.
Reparte novelas de sus vicios.
En el teatro ella reluce su ser.
Piensa en lenguas muertas y les da vida.
La gente ríe cuando esto pasa.
Digamos que le gusta gustar.
Se hace notar con escalas cromáticas
o cuando el Sol muere.
A veces se va a las vías oxidadas a mirar el cielo.

IV.
Por una vez no quiso ver a nadie reír.
Lo hizo como nunca. Recitaba un verso:
“El cráneo se hunde en Amor”.

V.
Algo de aquel verso que leía
se fue con el último hastío.
Pensaba en ese cráneo desde el suyo.
La que hace reír quería reír para sí.

Toda Zanzíbar reía por ella.
Por sus novelitas, obritas o Poemas…
Sucumbió y sonrió al encubrir su poema.
Describía que el amor la mató por reír.
Que eso invadió todo su ser.
Se sintió farsante en las tablas. Como si el amor quedase encerrado en su cráneo.
Real.

Sonrió, esta vez y sólo esta vez,
por ella.

domingo, 18 de junio de 2017

Fervoria.

Encontré piedad, fervor; luego anarquía y compasión.
Unas vinieron antes que las otras. Sin piensas en gris y dorado, ¿qué ocurre?
¿qué se te ocurre a ti? Yo pienso en donas, quizá en dunas. Una mujer con cielo gris, dorado cabello.

Entiendo con esto mis inquietudes, lo más sincero es que entiendo mejor las suyas que las mías. Dudo sobre mi color favorito, pero el tuyo lo sé.

¿Qué música es la que se parece al Sol?

De manera, más anárquica, vivo con fervor y devoción a mis letras.
No desechen a la soledad por parecer poco divertida, lo es.
¿Sabéis lo que es sentirse solo, acompañado de otra soledad?
Tú y otra persona que respira y rezuma perdón, sois uno sólo y solo.

Vivimos entre inflexiones que me infectan.

Tan sólo y tan solos, como esa música en manos de un quimero.
Tan sólo y tan solos, como una rosa en un jarrón bonito, detallado.

Tan sólo y tan solos, como esa rosa en gélidas y maravillosas manos muertas.

viernes, 9 de junio de 2017

Figurándote.

Yo en el fondo ya sabía cómo eras.
No sabía quién eras pero sí cómo.
Lo supe al momento. Como las veces pasadas.
Si estoy tumbado y pienso en cómo encandilar a ese sueño,
todo se desvanece. Lo real al menos.

Por pensar, pensé en lo bien que estarías aquí conmigo.
Pero no estás. Sé que estarás.
Sé que cada paso terrestre que fulmino, camino hacia algo concreto.
Una predicción natural, única para el ser humano. Única en tanto que nos
emociona escuchar discos compartidos. Yo con ella. O ella con aquél.
O ella. O él.

No se basa en prenombrarla hasta que aparezca.
Creía en vestidos largos.
Zapatillas, tacones, pie raso o lluvia seca.
Lluvia que dramatiza, no molestan sus moléculas.
Las disfrutas.

Yo figuraba una despedida en un andén,
y fue en una marquesina de bus urbano.
Uno de esos verdes y ascéticos. La esperanza se reduce a eso. En fin.

Creé un futuro que no aplicaré nunca, porque tú eres tú y tus motivos para mí,
son poesía pura.
Y tal como poesía, por cuál poema te encontré. Supe arder sin fuego.

Todo mientras figuro cómo soñaré.