jueves, 11 de junio de 2015

Contrarrevolución a la Revolución.

Opinión extraída tras leer el texto de Peter Sloterdijk "Última salida: indignación".

Actualmente la brecha entre la clase política y sus votantes es abismal. Hay una separación forzosa instada por la clase política para que el ciudadano de a pie no sienta preocupación por los sucesos políticos o simplemente sea algo más que comentar al comienzo del día. La estrategia de “pan y circo” actual dada por la llamada “cultura de masas” aleja más y más al gobernante del gobernado. Estos sucesos sociológicos de los que se aprovechan los políticos para seguir tomando decisiones sin contar con la opinión del pueblo, poco a poco se podría volver en su contra, o al menos eso dice Sloterdijk. Él dice que un ciudadano resignado sale caro y que uno indignado es imprevisible, y que por tanto, los mandatarios juegan en esta dualidad para seguir ellos disfrutando de las ventajas de no contar con los ciudadanos. Pues es en el hueco que deja esa dualidad, donde los ciudadanos pueden llegar a concienciarse del hecho que están siendo utilizados, que son meras herramientas del sistema post-democrático ideado, donde nace el ciudadano timótico. Ese ciudadano cansado y que es consciente de su situación y desea cambiarla. Pero, ¿podría ser este tipo de ciudadano parte de este sistema ideado? Mantener a un sector de la población en situación de ciudadanos timóticos. Alejarlos de los círculos de masas convencionales y adherirlos a otro círculo distinto. Podría ser el mismo perro con distinto collar. Utilizar la política a modo de “pan y circo”. Después del control ejercido sobre la población tras la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría en todas las esferas sociales, no parece tan descabellado.

En este proceso post-democrático se han dado casos de movimientos revolucionarios de dichos ciudadanos timóticos –en España el 15-M- que han acabado con representación política. Pero puede que este sistema sea conocedor de las llamadas fases post-republicanas o post-revolucionarias y las utilicen a su favor. Poniendo como ejemplo el caso de Podemos en España, es notable que el auge del partido se ha ido desinflando o más bien acomodando con respecto al sistema político del país. Ser uno más del sistema post-democrático. Quizá aún no está esclarecido, pero en mi opinión el proceso sigue en marcha y culminará con Podemos siendo uno más de la clase política.
Dicho esto, quiero referirme a que se está utilizando la propia política como círculo de masas para mantener al ciudadano timótico resultante de la indignación en un estado de “tranquilidad”, mantenerlo sereno y sin ideas revolucionarias; incluirlo en el sistema para que forme parte de él y no esté en contra de este. Simplemente una jugada más para seguir excluyendo al ciudadano de a pie para que todo según la clase política.

Sin tocar temas conspiranoicos, creo que todo está orquestado para frenar cualquier intento de revolución, ya sea armada o política. Se dan casos de ambas, por ejemplo la crisis de Ucrania o la victoria de la izquierda griega. Pero realmente todo acaba llevando a lo mismo; el sistema sigue sin cambiar tras la fase post-republicana y se debe a la visión post-moderna de la sociedad. No existen las motivaciones que existían hace un siglo o hace cuatro. Nuestra vivencia en un “presente absoluto” nos hace morder nuestra cola una y otra vez. Sloterdijk dice que nuestros gobernantes son más torpes que los césares romanos. Discrepo. Los romanos con su método de pan y circo lograron tener a la población distraída de la política. En cambio, nuestros gobernantes no solo utilizan los círculos de masas para desviar la atención del pueblo, sino que utilizan aquello de lo que quieren alejar al pueblo para precisamente eso, mantenerlo alejado. Y esto se debe a un solo motivo, a una sola pregunta; en esta sociedad post-moderna, ¿cuál sería nuestro motivo para sublimarnos?

No hay comentarios:

Publicar un comentario