miércoles, 28 de octubre de 2015

Agonías y Maravillas. Final.

Un lugar y un momento, todo unido en una misma danza. Tus ojos, tu cintura… Ojos inocentes y suplicantes que suplican que los entienda. Ese lugar y aquel momento. Una puerta detrás de nosotros, tierra en los pies y abrazos eternos. A ojos de un balcón de hierro frío. No importa lo que hay allí abajo. Me importa no bajar las escaleras para volver al camino. Soltarte es dejarte ir; alejarte de mí mientras marchas allá donde duermes. Ya no importa. Ahora es mi yo suplicante el que canta el recuerdo del suplicio. Bajar al mismo tiempo y mirar atrás. Verte desaparecer tras las verjas de aquella esquina y desviar mi mirada al asfalto. Dejarte ir. Manos, último suspiro… y mañana será otro día.

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