sábado, 30 de enero de 2016

"La sociedad del cansancio" Parte 1.

 Introducción: “La sociedad del cansancio” de Byung Chul Han.  

Esta obra del filósofo coreano aunque de escuela alemana, será el hilo conductor de este pequeño ensayo sobre La sociedad del cansancio. He introducido algunos términos en base a la lectura de este ensayo. Colocaré fragmentos del mismo según las explicaciones que doy sobre el punto redactado, para que así quede claro mi punto de partida y se puedan explicar conceptos que utilizo. También habrá fragmentos de otros filósofos a modo de apoyo a la teoría de Byung Chul-Han y de apoyo hacia mí mismo, y hacia aquellos que lean este pequeño ensayo que expongo. Comenzará el texto con los antecedentes más relevantes a la sociedad del cansancio aunque los considero demasiado importantes como para añadirlos como introducción. Creo que todo va hilado y es consecuencia de. Por eso, acabaré esta introducción diciendo que espero que aquella persona que lo vaya a leer – tanto la obra de Han como este pequeño ensayo –, contemple lo que le rodea con más claridad y ayude a otros a que así sea.  


La eliminación de la otredad y la fragmentación social post-modernista.  


Desde la crisis del lenguaje de comienzos/mediados del siglo XX, el mundo ha experimentado cambios sociales que han hecho que nuestra sociedad se fragmente. La Guerra Fría fue el suceso que provocó la creación de una dualidad en el lenguaje que se utilizaba como arma ante el enemigo; ante lo otro. La otredad – de la que Byung Chul-Han habla – no es más que una respuesta natural a lo extraño. Repelemos lo extraño, que no lo diferente. Y es en este punto de concienciación donde comienza la fragmentación social. La caída del muro de Berlín y su consiguiente caída de la URSS fomentó dicha fragmentación. Con la ausencia de otredad, tras estos hechos no existía enemigo, solo quedaba la diferencia. Y eso no produce hostilidad. Esta táctica de “Ataque y defensa” como la llama Han,  durante la Guerra Fría obligó a la sociedad – tanto por un bando como por otro – a repeler cualquier concepto – por consiguiente persona, como transportadora de conceptos – que fuera extraño a los asimilados como veraces y auténticos.

“Aun cuando el extraño no tenga ninguna intención hostil, incluso cuando de él no parta ningún peligro, será eliminado a causa de su otredad”. Apunta el coreano refiriéndose a este problema.  

Una vez eliminada esa otredad, únicamente queda la diferencia. Y eso no produce rechazo alguno. Al menos de manera objetiva y social. Es entonces cuando entra en escena el post-modernismo y el auge de las nuevas tecnologías. Sin duda alguna, estos dos hechos fueron accediendo cada vez más al ámbito social - hay que puntualizar que en otras escalas, como es el arte, ya se percibió esa fractura de la otredad con anterioridad – y cambiaron la manera de comprender el nuevo mundo que se abría a lo diferente. Es entonces cuando el filósofo francés, Jean François Lyotard, da con la clave. Todas las crisis ideológicas del siglo XX; los problemas lingüísticos; las guerras mundiales y la guerra fría, han conducido a una cosa: la muerte de los grandes relatos, a saber; el relato cristiano, el relato marxista, el relato del iluminismo o del raciocinio y el relato capitalista.
Estas visiones de la historia caen por su carácter y visión teleológica de la misma. Con la muerte de los grandes relatos se llega a la conclusión de que no existe un futuro cierto y unánime para todos, al menos como lo prometen estos relatos. Lo común en los cuatro relatos es que prometen un estado de bienestar social cuando alcancen su objetivo final. Con todo lo anterior citado, estas serían las causas que conducen a la fragmentación social instaurándose un sistema multicultural, (donde premia la diferencia y la autonomía individual) el cual está sobreinformado y explotado laboralmente dando lugar a una sociedad excedida en positivismo.
La fragmentación social es pues, consecuencia de la visión post-modernista junto con la muerte de los grandes relatos teleológicos, los grandes avances tecnológicos que engrosan la incipiente globalización que culminó con la llegada del nuevo milenio y la sobreinformación a causa de dicha globalización. Es entonces cuando la subjetividad coge fuerza y se vuelve a dudar, aunque a título subjetivo, de lo extraño. Comentábamos antes la creencia de haber alcanzado una sociedad positiva y digo que es falso. Byung Chul-Han lo relata así:

“Se ejerce una pequeña auto-violencia para protegerse de una violencia mucho mayor, que sería mortal. La desaparición de la otredad significa que vivimos en un tiempo pobre de negatividad.”

Estas pequeñas voluntades auto-violentas pueden ir desde el consumismo masivo, pasando por la creencia de que el trabajo es la esencia para realizarse como un individuo completo, hasta la permanencia a alguna ideología de carácter dogmático. Así pues, la otredad ha sido sustituida por una diferencia subjetiva. La fragmentación social de la que hablamos es una fragmentación basada en la miseria y en la plenitud positiva que el individuo acoge como formación personal y cultural. El individuo que ya no ve otredad sino diferencia, en un estado de penuria se verá sobreinformado y tratará de absorber/asimilar la diferencia subjetiva que se da en los fragmentos nacientes que florecen en occidente. Buscará la pertenencia a algún grupo diferente para alcanzar un estado positivo y de plenitud. Dicho grupo deberá tener – a vista subjetiva del individuo – algo idéntico. Una identidad en la que la diferencia subjetiva sea distinta a la de otro grupo e idéntica entre sí.

Tras la muerte de los grandes relatos mencionados por Lyotard, la globalización que se ha producido en los últimos treinta años y el compromiso latente en las sociedades  occidentales hacia el mundo laboral, ha llevado a una abundancia de lo idéntico. Como consecuencia de esta explotación de lo idéntico; de esta ilusión de diferencia entre fragmentos, vemos, como se dijo anteriormente, que existe un exceso de positividad. Este exceso engaña al individuo y cree – durante un estado de plenitud – que es feliz gracias a la diferencia de sus actos o de su realización personal. Es decir, el individuo en estado de plenitud acoge lo idéntico de su fragmento y rechaza o expulsa – a modo de anticuerpo – las diferencias con respecto a otros fragmentos sociales.
La inmunología a la que se refiere el filósofo coreano está dada en este punto. La fragmentación ha cambiado nuestro “sistema inmunológico” dando paso a la diferencia en pos de la otredad, teniendo en común todos los fragmentos, un sentido de identidad y plenitud. Esto conduce al exceso de positivismo y a individuos cansados que buscan esa realización personal que finalmente se traduce en una eterna búsqueda por la plenitud y lo positivo, que desemboca en negatividad y miseria. Se busca un estado pleno y positivo mientras se está en un estado negativo y mísero por no llegar a esa plenitud. Al no conseguirlo se llegará al fracaso como persona en la sociedad o al conformismo por llevar una vida mísera y negativa. El baile entre estas dos concesiones es lo que guía a la sociedad del cansancio, la transparencia y el rendimiento.  

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