lunes, 1 de febrero de 2016

La sociedad del cansancio. Parte 2.

 ¿Qué es la sociedad del rendimiento y el cansancio?  

Byung Chul-Han relata la muerte de aquella sociedad disciplinaria que vislumbró el filósofo francés, Michel Foucault. Tras los detalles y circunstancias ya mencionados, se llega a la conclusión de que la disciplina ya no rige a nuestra sociedad. Se ha pasado -  como apunta el coreano – de ser “sujetos de obediencia” a “sujetos de rendimiento”. La sociedad de Foucault en una sociedad negativa, mientras que la ideada por Han se pasa de manera paulatina a una sociedad positiva. Se cambia el verbo no-poder al verbo poder. En este punto cabe destacar el trato que se le hace a la sociedad como concepto. Peter Sloterdijk en su ensayo “El desprecio de las masas: ensayo sobre las luchas culturales en la sociedad moderna”, utiliza la fórmula hegeliana para entender cómo tratar al concepto sociedad:

“Lo que Hegel había presentado como su programa lógico – que la sustancia se desarrolla como sujeto – se revelaba al mismo tiempo como la divisa más poderosa de una época que, a primera vista, todavía parece seguir siendo la nuestra: el desarrollo de la masa como sujeto”.

De esta manera, si tratamos el desarrollo de una sociedad como el desarrollo de un sujeto, podemos entender así al sujeto que la sociedad proyecta. Si seguimos esta premisa veremos qué clase de sujetos produce la sociedad a la que el sujeto pertenece. Han lo describe así:

“A la sociedad disciplinaria la rige el no. Su negatividad genera locos y criminales. La sociedad de rendimiento, por el contrario, produce depresivos y fracasados”.  

Han da por acabada la sociedad del francés pero entiende la sociedad del rendimiento y cansancio como una prolongación o consecuencia directa de la misma. El sujeto del rendimiento ya no siente obligación ni deber, sino que siente opción y poder. Sigue siendo disciplinado pero el concepto que tiene instaurado no es mediante el castigo. Evoluciona según lo que él cree que es correcto y aquello que le conduce a una realización personal plena para alcanzar así, un nivel de plenitud que le ofrezca la posibilidad del positivismo. Pero es durante el proceso donde lo negativo de este proceso ataca al individuo. La sociedad del rendimiento necesita de esta realización para alcanzar niveles plenos de positividad, mientras que la negatividad estará adherida a cualquier acto que se realice para alcanzarla. Los sujetos de esta sociedad están depresivos durante el proceso y, en caso de no conseguir dicha plenitud, serán unos fracasados. Esto conduce al conformismo y al cansancio hacia lo positivo. Esta visión queda lejos de ser esperanzadora, pero el sujeto lo percibe como parte del proceso sin darse cuenta de la negatividad latente en cada uno de sus actos. Pero esta negatividad no está, como hemos dicho, instaurada por miedo al castigo o a la exclusión social. Forma parte de la diferencia subjetiva. La fragmentación social ha promovido lo subjetivo en pos de lo colectivo. Nadie exige nada al sujeto del rendimiento, sino que es él mismo el que busca la plenitud para lo positivo de aquello que le rodea.

“Al nuevo tipo de hombre, indefenso y desprotegido frente al exceso de positividad, le falta soberanía. El hombre depresivo es aquel Animal Laborans que se explota a sí mismo, a saber: voluntariamente, sin coacción externa. Él es al mismo tiempo, verdugo y víctima (…) El lamento del individuo depresivo, “Nada es posible”, solamente puede manifestarse dentro de una sociedad que cree que “Nada es imposible”. No poder – poder – más conduce a un destructivo reproche de sí mismo y a la auto-gestión. El sujeto del rendimiento es el inválido de esta guerra interiorizada”. 

Han utiliza también la premisa de tratar a la sociedad y su desarrollo de la misma manera que se trataría al sujeto y su desarrollo. No existe entonces una sublimación de la masa sino del sujeto. El sujeto es homónimo a la sociedad. Entonces solo queda la diferencia subjetiva del sujeto que es lo que le mueve dentro de la negatividad social que ofrece el discurso “opción y poder”.
El sujeto es depresivo porque nada le coacciona a buscar lo positivo. Únicamente tiene herramientas como puede ser el trabajo o la pertenencia a algún fragmento social para ayudarse a sí mismo. Pero ambas cosas surgen de la diferencia subjetiva y de cómo las filtra el sujeto dentro de su depresión. En definitiva, el sujeto necesita rendir y producir para poder avanzar hacia el positivismo, y el no lograrlo produce sujetos mediocres, fracasados o conformistas. No existe pues, una meta positiva para la sociedad del rendimiento, al menos en lo que al Animal Laborans concierne. Como veremos más adelante, el aburrimiento total y la contemplación de la vida es lo que en esta sociedad cansada puede hacerlo lograr el alcance de algo positivo o por el contrario abandonar el estado de depresión y miseria. Es decir, el Animal Laborans forma parte de aquellos sujetos no contemplativos que necesitan no estar aburridos y sentirse de provecho en la sociedad estando perpetuamente en activo. El sujeto contemplativo es aquel que bajo su subjetividad diferencial no necesita ni rendir ni producir nada – de carácter material – aunque igualmente será un sujeto cansado aunque de manera distinta. Hemos descrito a la sociedad del rendimiento y el cansancio mediante los sujetos que esta proyecta. Hemos diferenciado entre sujetos contemplativos y sujetos no contemplativos. Nos hemos concentrado en estos últimos ya que – independientemente del fragmento social al que pertenezcan – son los que en su mayoría ocupan y habitan dicha sociedad.

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