sábado, 13 de febrero de 2016

La sociedad del cansancio. Parte 3.

 Vida contemplativa, aburrimiento y estímulos. Sujetos 
contemplativos y no contemplativos.  

En la sociedad del rendimiento, como su propio nombre indica, es necesario rendir y producir; estar continuamente en movimiento, en activo. El exceso de positividad resultante – que ya hemos visto que se traduce en negatividad – da pie a que la sociedad, y en consecuencia el sujeto, reciba y produzca un exceso de información y de estímulos que crea aún más actividad para el glosario informativo característico de los sujetos no contemplativos. Para estos sujetos no existe la posibilidad de contemplar la vida en sí. Sus actos están marcados por la rutina y la proyección de conseguir un estado de plenitud. Por lo tanto no hay tiempo para aburrirse.

“El exceso de positividad se manifiesta, asimismo, como un exceso de estímulos, informaciones e impulsos. Modifica radicalmente la estructura y economía de la atención. Debido a esto, la percepción queda fragmentada y dispersa”. 

Han añade en este fragmento la “economía de la atención”. Esta economía de la atención fomenta de manera cuantitativa los estímulos y procede desde todas las áreas sociales. Desde los medios de comunicación, las redes sociales, a nivel gubernamental y a nivel particular. La sociedad del rendimiento y el cansancio aboga pues por una actividad continua que oprime la contemplación de lo que le rodea y se traduce en un auge de las redes sociales, las ingenierías, la anhelación de un trabajo bien remunerado, la sobreinformación…
Así pues, desde el ámbito académico también se fomenta a no contemplar sino a actuar, a producir. No hay lugar para el aburrimiento. Se necesita llegar a ese estado pleno en el que la vida del sujeto sea trabajo, dinero y consumo para así conseguir estabilidad y no caer en el fracaso. Esta auto-exigencia, Han la describe como un modo de supervivencia y no de vivencia plena:

“La preocupación por la buena vida, que implica también una convivencia exitosa, cede progresivamente a una preocupación por la supervivencia”.

Para escapar de esta sociedad es necesario contemplar y aburrirse. El aburrimiento total niega actividad práctica y deja tiempo al pensamiento y a la contemplación. La sociedad del rendimiento anula en gran parte el pensamiento crítico o lo deja en un sub-plano. El pensar y el contemplar no está en la rutina de un sujeto no contemplativo ya que “no tiene tiempo para ello”. Han apunta que para llegar a ser un sujeto contemplativo es necesario aburrirse:

“Si el sueño constituye el punto máximo de la relajación corporal, el aburrimiento corresponde al punto álgido de la relajación espiritual. La pura agitación no genera nada nuevo. Reproduce y acelera lo ya existente”.  

Es difícil definir al sujeto contemplativo ya que está inmerso y sigue formando parte de la sociedad cansada. Se dijo antes que el sujeto que contempla también está cansado aunque de distinta manera. Este cansancio no proviene de la frustración, sino de la impotencia. Este sujeto no encaja en aquello que le rodea. Sin duda, cabe apuntar que pertenece a aquello ámbitos o fragmentos donde el materialismo y la realización personal mediante los logros más directos y materiales no es lo que premia, es decir, pertenece a esferas ligadas a la intelectualidad. Su cansancio es consecuencia de la contemplación y de la inactividad al contemplar una sociedad cansada. Es consciente de las rutinas que rigen a los no contemplativos y las rechaza aunque en ocasiones tenga que compartirlas para poder subsistir. Se ve impotente ante los estímulos y la sobreinformación que recibe ya que es consciente de donde provienen y qué significan. En esencia, el sujeto contemplativo puede llegar a aburrirse y tiene como consecuencia la percepción de la sociedad en su conjunto y es este hecho el que le hace estar cansado, ya que su estado pleno ideal, proviene de la contemplación y no de la acción. No se espera – por parte de los sujetos no contemplativos, es decir, de la mayoría social – que estos sujetos contemplativos – los que no contemplan no reconocen en el sujeto que contempla dicha contemplación. Los toman como fracasados o inútiles ya que no rinden ni producen de la misma manera – que aquello que realicen en su ámbito, contenga algún rendimiento aprovechable para ellos ni para ellos mismo. Ni para los sujetos que contemplan ni para los que no contemplan.

Pondré como ejemplo el ámbito académico. No cabe duda que en este aspecto, los que contemplan son los más marginados ya que su rendimiento y cansancio difiere de los que no contemplan. Si traducimos los términos contemplar y no-contemplar quedaría como resultado – en este ámbito académico – pensar y actuar. La eterna lucha entre las letras y las ciencias nunca en la historia había estado tan desequilibrada en pos de la ciencia. Cabe apuntar que nos referimos a ciencias prácticas o ingenierías, ya que las ciencias teóricas también quedan marginadas debido a la contemplación que conllevan. Se menosprecia el poder contemplativo por su carácter aburrido o inservible. A mi ver, es en este campo donde más énfasis se debe aplicar debido a que es un ámbito educacional. Hoy en día el valor que suscitan las carreras contemplativas, quedan renegadas a su propio ámbito y quedan excluidas de los estímulos y de la información social. Si tenemos en cuenta que cuando nos referimos con estos términos al ámbito académico nos referimos a la educación del sujeto – que es algo primordial – es normal que vivamos en la sociedad que vivimos.

En definitiva, nos educan para proyectarnos a no-contemplar y a no aburrirse. Aquellos que puedan aburrirse y contemplar no tendrán cabida para los no contemplativos; serán tomados como fracasados. La comunidad que contempla es pues inservible para una sociedad activa.

“Sin relajación se pierde el “don de la escucha” y la “comunidad que escucha” desaparece. A esta se le opone diametralmente nuestra comunidad activa”.

Añadiré a esta cita de Byung Chul-Han otra que el propio coreano utiliza en su ensayo
del alemán Friedrich Nietzsche para cerrar este punto.

“Por falta de sosiego, nuestra civilización desemboca en una nueva barbarie. En ninguna época, se han cotizado más los activos, es decir, los desasosegados. Cuéntese, por tanto, entre las correcciones necesarias que deben hacérsele al carácter de la humanidad el fortalecimiento en amplia medida del elemento contemplativo”.

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