viernes, 19 de febrero de 2016

La sociedad del cansancio. Parte 4.

Fenómeno social: el sujeto de vidrio. Consecuencias de la 
no-contemplación.  

En un plano puramente social, se ha producido un nuevo fenómeno que subyuga a todos los sujetos no contemplativos. Este fenómeno que engloba a la nocontemplación, se le dará el nombre de “Sujetos de vidrio y de la transparencia”. El término lo he tomado de un artículo publicado en el diario  “El País” escrito por el catedrático en Filosofía por la Universidad de Extremadura, Isidoro Reguera. El artículo titulado “Cansados de ser vidrio” está basado en el libro el cual se está citando y basando este pequeño ensayo y lo tomaremos como punto de partida para referirme a este punto.

“Nuevo fenómeno producido tras todo esto; el hombre de vidrio, el sujeto de la transparencia. El sujeto que sin una ideología o causa dogmática no va a nada, solo mantiene el sistema”.  

Se hace referencia a la pertenencia a algún fragmento tras la eliminación de la otredad, y que el sujeto de vidrio al que vamos a desarrollar necesita permanecer. Aunque hasta este punto no hemos mencionado al sujeto de vidrio, el sujeto no contemplativo es, al mismo tiempo, sujeto cansado, del rendimiento y de vidrio y como consecuencia de esto último, de la transparencia.  La consecuencia directa – la transparencia en el ámbito social – forma parte del auge tecnológico de las redes sociales y pertenece a la sobre-estimulación informativa en todas las áreas sociales. Antes mencionábamos la economía de la atención y actualmente está en auge. Existen una falsa intimidad que suscita desnudo y pornografía del sujeto. No solo vale rendir y producir, sino que hay que mostrarlo. También existe un sentimiento de libertad en cuanto al contenido que se muestra que lejos de ayudar al sujeto, lo conduce hacia la transparencia y la depresión. Han apuntaba que el sujeto que no contempla sobrevive y no vive de manera plena. En este plano, el sujeto de vidrio tampoco vive de manera plena. Cierto es que no solo las redes sociales participan en el hombre de vidrio, es más bien el ejemplo más plausible y donde mejor podemos analizar sus actos. Las convenciones sociales también forman parte de esto pero a mi ver, las redes sociales son la materialización de la transparencia. Hay un deseo permanente de demostrar un estado de plenitud de cualquier forma y en cualquier formato. El mercado de fragmentos que se abre al sujeto despoja al sujeto mismo de cualquier interacción íntima para así darse a mostrar al mayor número de fragmentos posible. La extensa variedad crea dudas y confusión, y este hecho – unido a la auto-exigencia del Animal Laborans – fomenta la desnudez social del sujeto de vidrio. Es Han el que hace hincapié en este punto:

“La desnarrativización general del mundo refuerza la sensación de fugacidad: hace la vida desnuda”.

Con estas causas, el sujeto comienza a percibir que necesita encajar en lo que le rodea.

Dejarse caer” en algún fragmento, desnudarse para sobrevivir y llegar a un estado de 
plenitud auto-exigido. El sujeto entra pues, en una “hiperactividad ausente”.

Una hiperactividad vacía y desprovista de provecho íntimo y personal. Lo íntimo y lo personal es de dominio público y social. El sujeto no está siendo obligado por nadie ni por nada, se autolesiona socialmente. Pero nunca lo percibirá como una lesión sino como una cura. El sujeto vive para trabajar y no trabaja para vivir, tanto laboralmente como socialmente. Consideremos la actividad social – que es lo que concierne de manera pura al sujeto de vidrio – como otro medio para alcanzar la plenitud y la positividad. Se necesita estar activo laboral y socialmente, y será la yuxtaposición de ambas lo que conducirá a lo positivo.

Al no contemplar, tampoco se vislumbra el futuro y se “vive perpetuamente” anclado al presente o al futuro más próximo. Si no hay tiempo para contemplar, no solo no se contemplará lo que le rodea, sino que tampoco será capaz de ver el futuro ni imaginarlo. La hiperactividad ausente crea una dictadura de la transparencia. Sin futuro se obliga a mostrar el presente. La intimidad se arroja a la sociedad en una botella y, en ese mar de intimidades, llegarán múltiples botellas hacia el sujeto y serán tantas que no le importarán. Al igual que recibe miles de botellas con intimidades ajenas, otro sujeto recibirá la tuya y al igual que el primer sujeto, tampoco le importará. En definitiva, la intimidad para el sujeto de vidrio se vende al mejor postor.

Su intimidad es de todos menos suya. Todo esto, como apunta Reguera en su artículo, pertenece a la depresión y yo añadiría a la desesperación.

“El futuro pertenece a la depresión en una sociedad que aterroriza la sociedad, exigiendo transparencia total, más bien totalitaria. Transparencia que significa control, violencia, terror, destape y desnudo, pornografía y obviedad más que erotismo y misterio (…) Sociedad que no acontece nada. Tiempo sin narración, sin historia, que arrasa al ser, lo vacía y desencanta”. 

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